YO PUEDO

YO PUEDO
Paseo á beira do río Xuvia. Pintura de Manolo Carballeira

lunes, 1 de diciembre de 2008

Poesía y reflexión poética

Y a continuación, según algunos entendidos, el nuevo Ulises llega … de la mano de:






JORGE URRUTIA

EL HUMO DE ÍTACA.

¿Hay un hogar? ¿Se parte de algún sitio?
Siempre de las ruinas, pero exigen
las ruinas hogar un día construido.
Se parte de algún sitio, del derrumbe
Del manto, de la saya
Caída,
De la camisa rota,
Del ánimo cortado por no se sabe qué
Por no se sabe quién.
Y se encamina uno hacia el pasado.







(“La realidad que yo conocí ya no existía. Bastaba con que la señora Swann no llegara exactamente igual que antes, y en el mismo momento que entonces, para que la Avenida fuera otra cosa. Los sitios que hemos conocido no pertenecen tampoco a ese mundo del espacio donde los situamos para mayor facilidad. Y no eran más que una delgada capa, entre otras muchas , de las impresiones que formaban nuestra vida de entonces; el recordar una determinada imagen no es sino echar de menos un determinado instante, y las casas, los caminos, los paseos son desgraciadamente tan fugitivos como los años”
[Marcel Proust. En busca del tiempo perdido. 1. Por el camino de Swann])







JORGE URRUTIA


EL VIAJERO EN SILENCIO

Ha llegado hasta aquí y se detiene.
Mira a su alrededor, como hacen los héroes
De todas las posibles epopeyas.
Es un minuto de silencio,
Un detenerse a contemplar su estado.
Piensa que alguna vez escribir pueda
La epopeya sesgada de si mismo,
De largo recorrido, cabalgada
Que ha hecho de su vida.

Pero no es éste el caso.
Tan sólo se detuvo. Miró a su alrededor
Y sonrió al lugar en que tú estabas.
Se pregunta si estás aún, todavía,
Porque la niebla oculta los contornos
A sus ojos cansados.
No sabe, pues, si está o no está solo
Pero quiere creer que lo acompañas.

Recuerda los caminos de la sierra,
Los pueblos de pizarra, hoces del interior
Y mares que dormían mansamente
Junto a tus pies desnudos. Las orillas del río.
El cansancio feliz.
Los bosques.
Las largas avenidas a tu lado.
Y sobre todo la casa acogedora, el silencio pacífico,
El abrazo tan dulce. Las mañanas.
Fue la felicidad que se iniciaba,
Envueltos en los versos de la noche.

No habláis desde hace tiempo. Tu palabra
No se hizo su palabra hace semanas.
Vive en la oscuridad y en el silencio
Y hasta el rumbo ha errado muchas veces.
Es sin duda un viajero confundido.

Ha llegado hasta aquí y decide buscarte,
Traer aquellas frases que no dijo,
Mostrarte las heridas que no viste,
Mojarte de saliva,
Describirte los sueños, descubrirse de nuevo,
Acariciar tu piel o regalarte
La página más blancas del cuaderno
Y pedirte que escribas su epopeya,
O tal vez su elegía,
Que le ofrezcas de nuevo tu susurro amoroso,
Cuajado de sonrisa,
Para abrir cada noche la ventana,
Contemplar el incendio de la sierra,
La nube del castillo, los árboles
del húmedo jardín renacentista.
Y surja nuevamente la palabra.
Recuerda los caminos de la mano
recorriendo tu cuerpo. Recorriendo su cuerpo
recuerda los caminos de tu mano.
Mas no supo aprender de ellas el modo
de cruzar sin perderse los desiertos,
amarillos rotundos de los mapas.

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